Descubren más de 2,5 kilómetros de antiguos caminos ocultos en la selva de Machu Picchu

Un paisaje arqueológico que permanecía oculto bajo la vegetación

Machu Picchu. EPA | Paula Bayarte 04.06.2023

Un equipo de arqueólogos peruanos y polacos ha identificado mediante tecnología LiDAR una red de caminos, terrazas y estructuras desconocidas en las laderas del monte Yanantin. El hallazgo sugiere que la transformación del paisaje incaico se extendió también por la margen del río Urubamba situada frente al célebre conjunto monumental.

Machu Picchu lleva más de un siglo siendo objeto de investigaciones arqueológicas, pero buena parte del territorio que rodea la antigua ciudad inca continúa siendo difícil de estudiar. Las montañas, las fuertes pendientes y la vegetación de los bosques húmedos andinos ocultan caminos, terrazas y estructuras que pueden encontrarse a escasa distancia de lugares bien conocidos sin resultar visibles desde el suelo.

Una nueva investigación realizada por un equipo de arqueólogos peruanos y polacos ha permitido identificar más de 2,5 kilómetros de caminos precolombinos que hasta ahora no habían sido documentados. Los hallazgos se concentran en las laderas del monte Yanantin, en un territorio situado frente al conjunto principal de Machu Picchu, al otro lado del río Urubamba.

La exploración también ha revelado terrazas, plataformas y construcciones de planta circular cuya función todavía deberá investigarse. En conjunto, estos elementos apuntan a una ocupación y transformación del paisaje más extensa de lo que se había reconocido en esa zona.

El descubrimiento no significa que haya aparecido una nueva ciudad perdida. Su importancia reside en algo diferente. Los investigadores están comenzando a identificar partes de una red de comunicaciones y espacios construidos que podrían modificar la interpretación de cómo se organizaba el territorio alrededor de Machu Picchu.

Muro en Mandor | Jeff Contreras

Cuando avanzar 250 metros exige tres horas de trabajo

Las investigaciones se desarrollaron durante julio y agosto de 2026 en una zona montañosa situada aproximadamente entre los 2.000 y los 2.700 metros de altitud. Allí, el relieve accidentado y la densidad de la vegetación convierten cualquier reconocimiento arqueológico en una tarea especialmente complicada.

Bartłomiej Ćmielewski, investigador de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Breslavia y responsable de los trabajos LiDAR de esta campaña, explicó que en algunos sectores el equipo necesitó tres horas para avanzar apenas 250 metros, abriéndose paso con machetes.

Estas dificultades ayudan a comprender por qué determinados restos arqueológicos pueden permanecer sin documentar incluso en territorios sometidos a décadas de investigación. Un camino antiguo puede quedar cubierto por árboles, raíces y sedimentos hasta resultar prácticamente indistinguible del terreno circundante.

Los primeros reconocimientos permitieron identificar un sendero estrecho y sinuoso, de menos de un metro de anchura, que ya era conocido por habitantes de la zona. A partir de ese punto, los arqueólogos ampliaron la exploración mediante drones equipados con tecnología LiDAR.

La combinación del conocimiento local, la observación directa y las nuevas herramientas de documentación resultó decisiva para localizar otros trazados que permanecían ocultos.


El LiDAR permite observar el terreno bajo la selva

La tecnología LiDAR utiliza pulsos láser para medir distancias y reconstruir digitalmente la superficie del terreno. Cuando se instala en un dron, permite obtener grandes cantidades de información topográfica desde el aire, incluso en lugares donde la vegetación dificulta considerablemente la observación.

Su principal utilidad arqueológica consiste en procesar esos datos para diferenciar, hasta donde resulta técnicamente posible, la cubierta vegetal de la superficie del suelo. De ese modo pueden identificarse pequeñas variaciones de relieve, alineaciones, plataformas y otros rasgos que podrían corresponder a construcciones antiguas.

En las laderas del Yanantin, los investigadores han localizado mediante este procedimiento más de 2,5 kilómetros de posibles caminos precolombinos hasta ahora desconocidos. Entre ellos destaca un tramo relativamente bien definido que alcanza al menos 1,2 kilómetros de longitud.

El trabajo, sin embargo, se encuentra todavía en una fase inicial. Mariusz Ziółkowski, director del Centro de Estudios Andinos de la Universidad de Varsovia, considera que la extensión de los trazados identificados podría aumentar considerablemente cuando concluya el análisis de los datos.

Según sus estimaciones, es posible que el reconocimiento permita documentar una red al menos dos veces más extensa que la identificada hasta ahora.

Conviene recordar que el LiDAR no determina por sí solo la antigüedad de una estructura. Puede revelar formas compatibles con caminos o construcciones, pero su interpretación exige contrastar las imágenes con observaciones sobre el terreno y, cuando sea necesario, con excavaciones arqueológicas.

Por eso los investigadores todavía deben establecer la cronología precisa de los diferentes tramos y comprobar si todos pertenecen a una misma fase de utilización.

Estación de control de vuelo de drones RTK | Jeff Contreras


Los caminos incas que conectaban las montañas

La construcción de caminos fue uno de los elementos fundamentales de la organización territorial del Imperio inca.

El sistema conocido como Qhapaq Ñan articulaba extensos territorios andinos mediante rutas principales, caminos secundarios y numerosos enlaces locales. Su funcionamiento dependía de una adaptación constante a las características del relieve, desde las grandes altitudes hasta los valles y las vertientes orientales de los Andes.

En las regiones montañosas, construir un camino podía exigir acondicionar pendientes, levantar muros de contención, disponer escalones y aprovechar pasos naturales que permitieran superar los desniveles.

Estas infraestructuras facilitaban la circulación de personas, productos e información y contribuían a conectar asentamientos, espacios agrícolas y lugares con funciones administrativas o ceremoniales.

Los trazados identificados cerca de Machu Picchu presentan características compatibles con las técnicas constructivas incas, aunque los investigadores todavía no han determinado su origen exacto.

Algunos caminos podrían haberse construido antes de la expansión inca y haber sido reutilizados o modificados posteriormente. Esa posibilidad resulta importante porque las grandes redes viarias andinas no surgieron de manera repentina. Los incas ampliaron, reorganizaron e integraron caminos que, en determinados territorios, contaban con antecedentes anteriores.

Establecer qué partes de la red corresponden a cada periodo permitirá comprender mejor la evolución de las comunicaciones en este sector de los Andes.


La otra orilla del Urubamba también fue transformada

Uno de los aspectos más relevantes del descubrimiento es su localización.

El conjunto principal de Machu Picchu, conocido como la llaqta de Machu Picchu, forma parte de un paisaje arqueológico mucho más amplio. En el parque se conocen más de sesenta sitios relacionados mediante diferentes redes de caminos y espacios de comunicación.

Hasta ahora, buena parte de las investigaciones había concentrado su atención en los enclaves situados en la margen izquierda del río Urubamba, donde se encuentran numerosos restos asociados al funcionamiento del complejo principal.

La nueva investigación aporta evidencias de que la margen opuesta también experimentó una transformación importante.

Los caminos identificados en las laderas del Yanantin aparecen acompañados de terrazas, plataformas y estructuras circulares. Esta asociación sugiere que no se trataba únicamente de senderos utilizados para atravesar un territorio montañoso, sino de vías relacionadas con espacios donde pudieron desarrollarse diferentes actividades.

La presencia de terrazas podría apuntar a intervenciones destinadas a acondicionar determinadas pendientes, aunque será necesario estudiar cada estructura para establecer su función. Tampoco conocemos todavía si las construcciones circulares estuvieron relacionadas con actividades domésticas, productivas o de otro tipo.

Lo significativo es que estos elementos aparecen distribuidos dentro de un paisaje que hasta ahora había recibido menos atención arqueológica.

Su documentación obliga a considerar que el territorio vinculado con Machu Picchu pudo estar organizado de una manera más amplia y compleja de lo que reflejaban los mapas disponibles.

Camino descubierto | Bartłomiej Ćmielewski

Mandor y las conexiones con Machu Picchu

Los investigadores consideran que los nuevos caminos también podrían ayudar a comprender mejor el papel de Mandor, un sector situado frente al conjunto principal de Machu Picchu.

La relación entre ambas áreas resulta especialmente interesante porque el río Urubamba constituye un elemento fundamental del paisaje. Su profundo valle condiciona las comunicaciones y obliga a estudiar cuidadosamente cómo se conectaban las diferentes zonas situadas a ambos lados.

Los nuevos trazados podrían aportar información sobre rutas de circulación que enlazaban espacios hasta ahora conocidos de manera fragmentaria.

Sin embargo, todavía no se ha reconstruido una conexión completa entre todos los caminos descubiertos ni se ha determinado qué función desempeñaba cada uno dentro de la organización territorial.

La existencia de una vía no permite conocer automáticamente quiénes la utilizaban, qué mercancías transportaban o con qué frecuencia se recorría. Esas cuestiones deberán abordarse mediante el estudio de los asentamientos próximos, las características constructivas y los materiales arqueológicos que puedan recuperarse.

El interés del descubrimiento reside precisamente en que ofrece nuevos puntos de partida para investigar esas relaciones.

Machu Picchu no funcionaba de manera aislada. Como otros grandes conjuntos andinos, dependía de su integración en un territorio donde los caminos y las áreas acondicionadas permitían articular actividades y desplazamientos.


Una investigación que comenzó hace casi dos décadas

El equipo de la Universidad de Varsovia desarrolla investigaciones en el entorno de Machu Picchu desde 2008, en colaboración con las instituciones peruanas responsables de la protección y el estudio del patrimonio arqueológico.

La campaña de 2026 reunió a especialistas de diferentes centros académicos polacos y peruanos, entre ellos Bartłomiej Ćmielewski, Jan Kłaput, Paweł Dąbek y el arqueólogo peruano Jeff Rocky Contreras Soto.

Los trabajos contaron con la supervisión de las autoridades culturales de Cusco, dentro de un proyecto que combina reconocimiento arqueológico, documentación topográfica y tecnologías de exploración remota.

El siguiente objetivo consiste en ampliar la superficie estudiada mediante LiDAR y solicitar las autorizaciones necesarias para realizar excavaciones puntuales en algunos de los lugares identificados.

Estas intervenciones permitirían examinar directamente los caminos, estudiar sus técnicas constructivas y buscar materiales que ayuden a establecer su cronología.

También será necesario determinar qué relación existe entre las diferentes terrazas, plataformas y estructuras localizadas durante los reconocimientos.

Por motivos de protección patrimonial, los investigadores no han divulgado la ubicación exacta de los nuevos hallazgos. La medida pretende evitar visitas incontroladas que puedan alterar unos restos todavía pendientes de documentación y estudio.

Ubicación del camino descubierto | Bartłomiej Ćmielewski

Un Machu Picchu que continúa ampliándose sobre el mapa

Desde su incorporación a la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 1983, Machu Picchu se ha convertido en uno de los conjuntos arqueológicos más conocidos del planeta. Sin embargo, su fama puede transmitir una impresión equivocada, la de un lugar cuyo conocimiento histórico y arqueológico está prácticamente completo.

Las investigaciones desarrolladas en las últimas décadas muestran una realidad diferente.

La antigua ciudad constituye una parte de un paisaje cultural mucho más extenso, formado por caminos, terrazas, asentamientos y espacios acondicionados cuya relación todavía está siendo reconstruida.

Los más de 2,5 kilómetros de trazados identificados en las laderas del Yanantin amplían ese panorama y proporcionan nuevas evidencias sobre la importancia de la margen del Urubamba situada frente al conjunto principal.

Todavía no sabemos cuántos caminos adicionales aparecerán cuando termine el análisis LiDAR ni qué antigüedad tendrán las estructuras asociadas. Tampoco puede afirmarse que todas las construcciones identificadas pertenezcan necesariamente al mismo periodo.

Por ahora, el descubrimiento permite reconocer algo que había permanecido oculto bajo la vegetación. En una zona montañosa donde avanzar unos pocos centenares de metros puede exigir horas de trabajo, existía una red de caminos y espacios acondicionados que no figuraba en la documentación arqueológica disponible.

Las próximas campañas deberán determinar cuándo se construyeron, cómo se utilizaron y qué relación mantuvieron con Machu Picchu. Sus resultados podrían cambiar no tanto la imagen de la célebre ciudad como nuestra comprensión del territorio que hizo posible su funcionamiento.

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