Queronea, la batalla que convirtió a Macedonia en la gran potencia de Grecia

En el 338 a. C., Filipo II derrotó a una coalición encabezada por Atenas y Tebas y cambió para siempre el equilibrio político del mundo griego. A su lado combatió un Alejandro todavía adolescente, apenas dos años antes de convertirse en rey de Macedonia

Mapa que muestra los movimientos de Filipo II en 339 y 338 a. C., en azul, y las posiciones de tebanos y atenienses, en rojo | Wikipedia

Cuando Filipo II accedió al trono macedonio en el 359 a. C., su reino atravesaba una situación delicada. Macedonia había sido considerada durante mucho tiempo una potencia periférica por buena parte de las ciudades griegas del sur, pero el nuevo monarca emprendió una profunda reorganización militar y política que alteraría esa relación de fuerzas.

El ejército macedonio se convirtió progresivamente en una fuerza permanente, disciplinada y mejor coordinada. Una de sus principales innovaciones fue la falange equipada con la sarissa, una larga pica que podía superar los cinco metros y permitía presentar al enemigo varias filas de puntas antes de que pudiera alcanzar a los soldados macedonios. La infantería pesada actuaba además combinada con tropas ligeras y una poderosa caballería, lo que proporcionaba a Filipo una flexibilidad táctica difícil de igualar.

Pero el ascenso de Macedonia no dependió únicamente de sus soldados. Filipo combinó guerra, diplomacia, alianzas matrimoniales, sobornos y negociaciones con una habilidad extraordinaria. La conquista de Anfípolis, en el norte del Egeo, le permitió controlar una región estratégica próxima a importantes recursos mineros que reforzaron considerablemente las finanzas de la monarquía.

Macedonia dejó así de defender su supervivencia para intervenir cada vez con mayor fuerza en los asuntos del resto del mundo griego.


Demóstenes y el temor a la expansión macedonia

El crecimiento del poder de Filipo provocó especial preocupación en Atenas. Una de las voces más decididamente contrarias al rey macedonio fue la del orador Demóstenes, cuyos discursos, conocidos posteriormente como Filípicas, denunciaban el peligro que representaba la expansión de Macedonia para la autonomía de las polis.

El problema para Atenas era que ya no poseía la supremacía militar y política que había disfrutado durante el siglo V a. C. Necesitaba aliados, y uno de los más importantes era precisamente Tebas, ciudad con la que había mantenido una larga historia de rivalidades y enfrentamientos.

La amenaza macedonia terminó favoreciendo un acercamiento entre ambas. A ellas se sumaron contingentes procedentes de otras comunidades griegas, formando una coalición destinada a impedir que Filipo consolidara definitivamente su dominio sobre Grecia central.

La tensión alcanzó su punto decisivo después de que el rey macedonio interviniera en los conflictos relacionados con la Cuarta Guerra Sagrada y penetrara en Grecia central. Durante meses, los movimientos militares se combinaron con una intensa actividad diplomática, mientras ambos bandos buscaban reforzar sus posiciones.

El enfrentamiento que decidiría el futuro político de Grecia terminó produciéndose cerca de la pequeña ciudad beocia de Queronea.


Dos ejércitos frente a frente

La batalla tuvo lugar en el verano del 338 a. C. Las cifras exactas de combatientes transmitidas por las fuentes antiguas son difíciles de comprobar, pero ambos ejércitos debieron de reunir decenas de miles de hombres.

La coalición griega estaba encabezada por Atenas y Tebas. Los atenienses ocuparon un sector de la línea, mientras los tebanos se situaron en el opuesto junto con su unidad militar más prestigiosa, el Batallón Sagrado de Tebas, una fuerza de élite compuesta tradicionalmente por trescientos hombres.

Frente a ellos se encontraba el ejército que Filipo había construido durante más de veinte años de reformas y campañas. En una de sus alas combatía el propio rey. En la otra desempeñó un papel destacado su hijo Alejandro, que tenía entonces unos dieciocho años.

Aquella circunstancia otorgaría posteriormente a Queronea un lugar especial dentro de la biografía del futuro Alejandro Magno. Antes de enfrentarse al Imperio persa, el joven príncipe participó en una de las batallas que permitieron a su padre establecer la hegemonía macedonia sobre Grecia.

Sin embargo, las fuentes antiguas no permiten reconstruir con absoluta seguridad todos los movimientos del combate, y algunas de las maniobras tradicionalmente atribuidas a Filipo y Alejandro proceden de interpretaciones posteriores.


La maniobra que rompió la línea griega

Una tradición muy extendida sostiene que Filipo realizó una retirada deliberada frente a los atenienses. Al retroceder ordenadamente, habría provocado que estos avanzaran y rompieran la cohesión de la línea aliada.

El movimiento habría abierto un espacio entre los contingentes griegos que los macedonios pudieron aprovechar. Mientras Filipo volvía contra los atenienses, el otro sector de su ejército presionaba a los tebanos.

Fue allí donde Alejandro habría intervenido de manera decisiva. Algunas fuentes posteriores lo presentan encabezando el ataque que quebró la resistencia tebana, posiblemente junto a unidades de élite macedonias. El episodio se convirtió después en uno de los primeros ejemplos utilizados para demostrar el talento militar del joven príncipe.

Conviene, no obstante, ser prudentes. No conocemos con detalle suficiente el desarrollo táctico de Queronea como para reconstruir minuto a minuto la batalla ni atribuir con certeza a Alejandro una acción concreta contra el Batallón Sagrado.

Lo que sí sabemos es que la línea griega terminó colapsando y que la victoria macedonia fue completa.


El final del Batallón Sagrado de Tebas

Entre las víctimas de Queronea se encontraban numerosos miembros del célebre Batallón Sagrado, la unidad que durante décadas había simbolizado la potencia militar tebana.

Según la tradición antigua, estaba compuesto por 150 parejas de hombres unidos por vínculos personales y militares. Había participado en algunas de las grandes victorias de Tebas durante el siglo IV a. C., cuando la ciudad llegó a desafiar la hegemonía de Esparta.

En Queronea sufrió pérdidas devastadoras. Siglos después, Plutarco todavía relacionaba a los muertos encontrados en el campo de batalla con aquella unidad. En el lugar se levantó posteriormente el famoso León de Queronea, monumento funerario asociado tradicionalmente a los tebanos caídos.

La derrota tuvo también graves consecuencias para Atenas. Las fuentes antiguas hablan de alrededor de un millar de atenienses muertos y varios miles de prisioneros, aunque, como sucede con muchas cifras militares de la Antigüedad, deben manejarse con precaución.

Lo verdaderamente importante no fue el número exacto de víctimas, sino el resultado político. Después de Queronea, ninguna coalición de polis podía competir en igualdad de condiciones con Macedonia.


Filipo no quería destruir Grecia

La victoria ofrecía a Filipo la posibilidad de castigar severamente a sus enemigos, pero su objetivo no era arrasar las ciudades griegas. Necesitaba estabilidad y, sobre todo, necesitaba soldados y barcos para un proyecto mucho más ambicioso.

El rey pretendía llevar la guerra contra el Imperio aqueménida.

Atenas recibió unas condiciones relativamente moderadas y conservó buena parte de su autonomía. Tebas fue tratada con mayor dureza, pero tampoco desapareció como ciudad. Filipo reorganizó después el equilibrio político de Grecia mediante la denominada Liga de Corinto, una alianza que reconocía su liderazgo militar.

Esparta quedó al margen, pero la mayor parte de las principales polis terminaron integradas en el nuevo sistema.

Por primera vez, gran parte del mundo griego continental quedaba articulado bajo la hegemonía de una única potencia capaz de movilizar conjuntamente recursos macedonios y griegos.


La victoria que Alejandro heredó

Filipo comenzó a preparar la invasión de Asia, pero nunca llegó a dirigirla. En el 336 a. C., apenas dos años después de Queronea, fue asesinado en Egas durante las celebraciones vinculadas a la boda de su hija Cleopatra.

Alejandro heredó entonces el trono con unos veinte años.

También heredó algo todavía más importante: el ejército profesional construido por su padre, una Macedonia convertida en potencia dominante y una alianza griega ya orientada hacia la guerra contra Persia.

La posterior conquista del Imperio aqueménida ha convertido a Alejandro en una de las figuras más conocidas de la Antigüedad, pero aquella empresa no comenzó en Asia. Sus condiciones políticas y militares habían sido creadas previamente por Filipo.

Por eso Queronea fue mucho más que la primera gran batalla asociada a Alejandro. Fue el enfrentamiento que terminó con la capacidad de Atenas y Tebas para frenar a Macedonia, consolidó la obra política de Filipo II y preparó el escenario desde el que, solo unos años después, su hijo emprendería una de las mayores campañas de conquista del mundo antiguo.

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