Cuando el humo derrotó a Roma: el sorprendente «arma química» de la ciudad griega de Ambracia
El asedio de una ciudad que se negaba a rendirse
En el año 189 a. C., durante el asedio romano de Ambracia, sus defensores idearon un ingenioso sistema para llenar de humo tóxico los túneles excavados por las legiones. El episodio, descrito por el historiador Polibio, constituye uno de los testimonios más antiguos y detallados del uso deliberado de gases irritantes en un conflicto militar.
Ambracia fue una de las ciudades más importantes del antiguo Reino de Epiro. Situada donde hoy se encuentra la ciudad griega de Arta, alcanzó su máximo esplendor cuando el rey Pirro la convirtió en su capital, dotándola de palacios, templos, murallas y grandes edificios públicos. Sin embargo, aquel esplendor acabaría enfrentándola a la expansión de Roma.
En el año 189 a. C., durante la guerra entre Roma y la Liga Etolia, el cónsul Marco Fulvio Nobilior puso sitio a la ciudad. Tras comprobar que las murallas resistían los ataques directos, los romanos recurrieron a una de las técnicas de asedio más habituales de la Antigüedad: excavar galerías subterráneas para socavar los cimientos de las fortificaciones o abrir un paso bajo ellas.
Fue precisamente en esos túneles donde los defensores de Ambracia idearon una respuesta tan sencilla como extraordinariamente eficaz.
Un ingenioso dispositivo basado en humo y plumas
El relato más detallado de este episodio procede del historiador griego Polibio, que lo describió en el libro XXI de sus Historias. Según su narración, los habitantes de Ambracia construyeron un recipiente de barro provisto de un embudo de hierro y lo llenaron de plumas finas.
Después encendieron fuego bajo el recipiente, lo cubrieron con una tapa metálica perforada y orientaron el embudo hacia la galería excavada por los romanos. Mediante un fuelle alimentaban continuamente la combustión, impulsando un humo espeso hacia el interior del túnel.
La combustión de las plumas producía una mezcla extremadamente irritante que, en un espacio cerrado y sin ventilación, hacía prácticamente imposible respirar. Los legionarios quedaron atrapados en una nube de humo que les impedía avanzar y que podía provocar asfixia, irritación intensa de ojos y vías respiratorias e incluso la muerte si la exposición era prolongada.
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| Ruinas del templo de Apolo de Ambracia | Fuente: Wikipedia |
¿Puede considerarse una de las primeras armas químicas?
Desde una perspectiva moderna, este episodio suele citarse como uno de los ejemplos más antiguos documentados del empleo deliberado de gases tóxicos con fines militares. Sin embargo, conviene matizar esa afirmación.
Los defensores de Ambracia no disponían de conocimientos químicos en el sentido actual ni desarrollaron sustancias específicamente diseñadas para matar mediante reacciones químicas. Lo que hicieron fue aprovechar las propiedades irritantes del humo generado por la combustión de materiales orgánicos para convertir los túneles romanos en una trampa casi imposible de superar.
La historiadora Adrienne Mayor ha señalado que estos recursos pertenecían al ámbito del ingenio militar propio de la Antigüedad y no eran concebidos por sus contemporáneos como «armas químicas», una categoría que pertenece a la terminología moderna. Aun así, el objetivo era exactamente el mismo: incapacitar al enemigo utilizando el aire que respiraba.
Una victoria táctica que no evitó la derrota
La estratagema logró su propósito inmediato. Polibio relata que el humo obligó a los romanos a abandonar temporalmente las galerías, ya que resultaba imposible continuar excavando bajo aquellas condiciones. El fracaso de la operación llevó incluso a abrir negociaciones entre ambas partes, retrasando el desenlace del asedio.
Sin embargo, aquel éxito táctico no cambió el destino de la ciudad. Finalmente, Ambracia capituló ante Marco Fulvio Nobilior y sufrió el saqueo de parte de sus riquezas. Décadas después, en 167 a. C., Emilio Paulo volvió a saquear la ciudad tras la derrota del Reino de Macedonia.
El golpe definitivo llegó durante el reinado de Augusto. Tras la batalla de Accio, el emperador fundó la cercana ciudad de Nicópolis y obligó a buena parte de la población de Ambracia a trasladarse allí, iniciando un abandono progresivo del antiguo núcleo urbano.
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| Restos del teatro de Ambracia | Fuente: Wikipedia |
Un episodio que demuestra que la creatividad también decidía las guerras
La historia militar de la Antigüedad suele centrarse en ejércitos, generales y grandes batallas, pero episodios como el de Ambracia recuerdan que el ingenio podía ser tan decisivo como la fuerza.
Los defensores no disponían del poder militar de Roma, pero supieron aprovechar el terreno, la arquitectura de las galerías y un conocimiento práctico de la combustión para convertir un recurso cotidiano en un arma inesperada. Más de dos mil años después, el relato conservado por Polibio sigue siendo uno de los testimonios más fascinantes sobre cómo la innovación podía alterar el curso de un asedio, aunque solo fuera durante unos días.



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