Un lago alemán conserva posibles construcciones de cazadores recolectores de hace 10.500 años

Un paisaje de la Edad de Piedra oculto bajo el agua

Recuperación de madera mesolítica por investigadores de la Oficina Estatal de Gestión del Patrimonio y Arqueología de Sajonia-Anhalt | Crédito: Juraj Lipták / Oficina Estatal de Gestión del Patrimonio y Arqueología de Sajonia-Anhalt

Maderas trabajadas halladas a unos veinte metros de profundidad en el lago Arendsee podrían pertenecer a estructuras construidas durante el Mesolítico, unos tres milenios antes de la llegada de las primeras comunidades agrícolas a esta región de Europa Central.

Hace unos 10.500 años, las orillas del actual lago Arendsee, en el norte de Alemania, ofrecían un paisaje muy diferente del que contemplamos hoy. Europa se encontraba en el Mesolítico y sus habitantes obtenían buena parte de sus recursos mediante la caza, la pesca y la recolección, mucho antes de que la agricultura y la ganadería se extendieran por esta región.

Aquellas comunidades dejaron herramientas de piedra, huesos de animales y otros restos que los arqueólogos conocen relativamente bien. Mucho más difícil resulta encontrar los materiales perecederos que también formaban parte de su vida cotidiana. La madera se descompone con facilidad y, por eso, buena parte de las construcciones y objetos fabricados con ella han desaparecido casi por completo del registro arqueológico.

El lago Arendsee podría haber conservado una excepción extraordinaria.

Durante las investigaciones arqueológicas subacuáticas realizadas en 2026, especialistas de la Oficina Estatal de Gestión del Patrimonio y Arqueología de Sajonia-Anhalt recuperaron varias piezas de madera trabajada asociadas a niveles mesolíticos. Entre ellas destaca un poste de aproximadamente 1,60 metros de longitud que conserva marcas de tala, acompañado por maderas partidas de hasta 1,30 metros.

La posibilidad que ahora investigan los arqueólogos es especialmente interesante. Aquellas piezas podrían haber formado parte de algún tipo de estructura construida por cazadores recolectores hace más de diez milenios.


La geología del lago creó una cápsula del tiempo

La excepcional conservación de estos restos está relacionada con una característica geológica del Arendsee.

En muchos lagos, la acumulación progresiva de sedimentos termina modificando y rellenando el fondo. En Arendsee ocurre además otro fenómeno. La presencia de una estructura salina en el subsuelo provoca procesos geológicos que han favorecido el hundimiento progresivo del fondo.

Como consecuencia, la antigua línea de costa utilizada durante el Mesolítico se encuentra actualmente a unos veinte metros de profundidad. Los materiales abandonados por quienes vivieron junto al lago quedaron cubiertos por sedimentos y permanecieron en unas condiciones que han permitido conservar incluso restos orgánicos extremadamente vulnerables.

Para los arqueólogos, encontrar madera de esta antigüedad resulta especialmente valioso. Las herramientas de piedra pueden mostrar cómo se cortaba, raspaba o perforaba, pero la conservación del propio objeto trabajado permite estudiar directamente unas técnicas que normalmente solo pueden reconstruirse de manera indirecta.

El arqueólogo estatal Harald Meller ha destacado precisamente la excepcionalidad de estas piezas. Hasta ahora, las posibles construcciones mesolíticas conocidas en el centro de Alemania habían dejado principalmente huellas detectables en el suelo. En Arendsee podrían conservarse partes de los propios elementos arquitectónicos.


¿Construyeron estructuras permanentes hace 10.500 años?

Esta es la gran cuestión abierta por el descubrimiento y también el punto en el que resulta necesario mantener mayor prudencia.

Un poste trabajado y varias piezas de madera no constituyen por sí mismos una vivienda.

Los investigadores todavía deben determinar cómo estaban dispuestos estos elementos, si pertenecían a una misma estructura y qué función desempeñaban. Podrían corresponder a chozas u otras construcciones, pero esa interpretación permanece actualmente bajo investigación.

Si las próximas campañas demuestran que se trata realmente de elementos arquitectónicos, el hallazgo aportaría información excepcional sobre la manera en que las comunidades mesolíticas organizaban los lugares donde vivían.

Durante mucho tiempo, la transición hacia la agricultura se utilizó como una frontera demasiado rígida entre cazadores recolectores móviles y agricultores sedentarios instalados en asentamientos permanentes. La investigación arqueológica de las últimas décadas ha mostrado una realidad bastante más diversa. Los grupos cazadores recolectores podían permanecer durante periodos prolongados en lugares especialmente ricos en recursos, regresar repetidamente a los mismos enclaves y transformar determinados espacios sin necesidad de practicar agricultura.

Las posibles construcciones de Arendsee tendrían que interpretarse dentro de esa complejidad. Su existencia no demostraría automáticamente que sus habitantes fueran completamente sedentarios, pero sí permitiría estudiar hasta qué punto invirtieron trabajo y recursos en acondicionar un lugar concreto.


Tres mil años antes de las primeras comunidades agrícolas de la región

La cronología convierte el descubrimiento en algo especialmente relevante.

Los restos se remontarían aproximadamente a hace 10.500 años. Las primeras comunidades agrícolas llegaron a esta parte de Europa Central varios milenios después, en torno al VI milenio a. C. Con ellas aparecieron aldeas asociadas al cultivo de plantas, la cría de animales y grandes construcciones de madera como las características casas comunales de las primeras sociedades neolíticas centroeuropeas.

Tradicionalmente, una parte importante de la transformación sistemática del paisaje se ha relacionado con este proceso. Cultivar exige abrir terrenos, mantener campos y modificar de manera continuada el entorno. La ganadería y la construcción de asentamientos permanentes incrementaron todavía más esa intervención.

Por eso los investigadores consideran especialmente importante determinar qué representan las maderas de Arendsee. Si pertenecieran a estructuras relativamente duraderas o a espacios utilizados y acondicionados intensivamente, demostrarían una intervención significativa sobre el paisaje mucho antes de la llegada de las comunidades agrícolas.

Eso no convertiría a aquellos cazadores recolectores en «agricultores antes de la agricultura». Mostraría algo diferente y más interesante. Las formas de ocupar y transformar un territorio podían ser complejas mucho antes de que apareciera una economía basada en cultivos y animales domésticos.


El sonar permite reconstruir una costa desaparecida

Investigar el yacimiento presenta una dificultad evidente. El paisaje que utilizaron aquellas comunidades se encuentra actualmente sumergido bajo unos veinte metros de agua y parcialmente cubierto por sedimentos.

Después de localizar el enclave en la primavera de 2026, los investigadores recuperaron nuevas muestras y materiales con el objetivo de precisar tanto su cronología como su extensión. Posteriormente comenzaron a aplicar técnicas de documentación capaces de observar el fondo con mucho mayor detalle.

En colaboración con el Instituto Fraunhofer IOSB-AST de Ilmenau, el equipo ha utilizado un vehículo operado remotamente equipado con sistemas de sonar de alta resolución. El objetivo es cartografiar los contornos de la antigua línea de costa y registrar con precisión la posición de los diferentes hallazgos.

Esa distribución espacial será fundamental para interpretar las maderas.

Una pieza aislada puede haber llegado a un lugar por numerosos procesos naturales o humanos. Varias maderas trabajadas dispuestas siguiendo un patrón coherente podrían ofrecer, en cambio, evidencias mucho más sólidas de una construcción. Conocer exactamente dónde apareció cada elemento permitirá determinar si existe realmente una organización arquitectónica bajo los sedimentos.

La tecnología no sustituye en este caso a la excavación arqueológica. Permite saber dónde excavar y, sobre todo, comprender el antiguo paisaje en el que deben interpretarse los objetos recuperados.


Un Mesolítico más complejo de lo que imaginábamos

El hallazgo se produce además en una región que ya ha proporcionado testimonios excepcionales sobre las sociedades mesolíticas.

En Bad Dürrenberg, también en el actual estado de Sajonia-Anhalt, apareció hace décadas un extraordinario enterramiento femenino de aproximadamente la misma gran etapa prehistórica. La mujer enterrada allí, conocida tradicionalmente como la «chamana de Bad Dürrenberg», fue acompañada por un complejo ajuar y se ha convertido en una de las figuras más conocidas del Mesolítico europeo.

Arendsee permite aproximarse a esas poblaciones desde una perspectiva diferente. En lugar de un enterramiento excepcional, lo que podría conservarse bajo el lago son restos de las actividades desarrolladas en un lugar utilizado cotidianamente.

Todavía desconocemos si las maderas pertenecieron a una vivienda, una instalación relacionada con la pesca, otra clase de construcción o diferentes estructuras acumuladas a lo largo del tiempo. Las próximas investigaciones deberán determinarlo.

Precisamente ahí reside la importancia del yacimiento. Bajo los sedimentos no se ha encontrado todavía una «aldea de hace 10.500 años» ni puede afirmarse que aquellos grupos fueran sedentarios. Lo que existe son maderas trabajadas extraordinariamente antiguas que podrían conservar una arquitectura mesolítica difícil de detectar en otros lugares.

Si los nuevos trabajos confirman que formaban parte de construcciones, el lago Arendsee habrá preservado algo que casi nunca sobrevive tantos milenios. No solo las herramientas de quienes habitaron sus antiguas orillas, sino una parte de los espacios que levantaron con ellas.

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