Un armario de Pompeya conserva los objetos cotidianos de una familia romana de hace casi 2.000 años
Un armario que quedó atrapado bajo las cenizas del Vesubio
Una excavación en una vivienda de la Via dell'Abbondanza ha permitido recuperar amuletos infantiles, recipientes de perfume, utensilios domésticos y 38 monedas de bronce. Los objetos, conservados desde la erupción del Vesubio en el año 79 d. C., ofrecen nuevas pistas sobre la vida privada, las creencias y las actividades económicas de los habitantes de Pompeya
En el año 79 d. C., la erupción del Vesubio interrumpió la vida de Pompeya y sepultó buena parte de la ciudad bajo los materiales volcánicos. Las viviendas, los talleres y los espacios públicos quedaron abandonados en circunstancias excepcionales, con numerosos objetos todavía en los lugares donde habían sido utilizados o almacenados.
Casi dos milenios después, una excavación en una casa situada en la Via dell'Abbondanza, una de las principales calles de la antigua ciudad romana, ha permitido recuperar el contenido de un armario de madera que permanecía oculto desde aquella catástrofe.
Los arqueólogos han reconstruido fragmentos del mueble y documentado un conjunto de objetos que pertenecían a diferentes ámbitos de la vida cotidiana. Entre ellos aparecen utensilios de aseo personal, recipientes para perfumes, vajilla, instrumentos relacionados con actividades económicas, monedas y pequeños amuletos que pudieron estar vinculados con la infancia.
El descubrimiento, anunciado por el Parque Arqueológico de Pompeya el 29 de octubre de 2026, resulta especialmente interesante porque permite estudiar estos materiales dentro de un mismo contexto doméstico.
No se trata de una colección formada posteriormente ni de objetos seleccionados por su valor artístico. Son pertenencias que quedaron reunidas en una vivienda y que, por circunstancias extraordinarias, han llegado hasta nosotros.
Aunque todavía no conocemos con certeza la identidad de sus propietarios, el conjunto permite aproximarnos a algunas de sus actividades, preocupaciones y costumbres.
Una vivienda en una de las calles más importantes de Pompeya
La Via dell'Abbondanza atravesaba una parte importante del tejido urbano de Pompeya y concentraba viviendas, establecimientos comerciales y espacios donde se desarrollaban numerosas actividades.
Su importancia no residía únicamente en servir como vía de circulación. Como sucedía en otras calles principales de las ciudades romanas, las fachadas y los locales abiertos al exterior formaban parte de una vida urbana en la que las actividades domésticas y económicas podían encontrarse estrechamente relacionadas.
La casa donde apareció el armario se encuentra en una zona céntrica de Pompeya. Su fachada fue excavada por primera vez en 1912, pero algunas habitaciones interiores habían permanecido sin investigar hasta las intervenciones recientes.
Esta circunstancia explica por qué todavía pueden producirse descubrimientos importantes en sectores de la ciudad conocidos desde hace más de un siglo.
Las nuevas excavaciones forman parte de un proyecto de restauración y estudio arqueológico que está permitiendo acceder a espacios anteriormente inexplorados.
La vivienda ha sido relacionada provisionalmente con un hombre llamado Cornelio Máximo, debido a determinadas inscripciones descubiertas en su interior.
Sin embargo, esta asociación debe interpretarse con cautela. La presencia de un nombre en una inscripción doméstica no demuestra necesariamente que su portador fuera el propietario de la casa ni que todos los objetos recuperados le pertenecieran.
Por ahora, Cornelio Máximo constituye una posible referencia para investigar la historia del inmueble, no una identificación definitiva de sus habitantes.
Los amuletos que protegían a los niños romanos
Entre los objetos recuperados destaca un conjunto de al menos 24 pequeñas piezas elaboradas con materiales como hueso, pasta de vidrio, cerámica y cristal de roca.
Formaban parte de un collar o agrupación de amuletos relacionados con los llamados crepundia, objetos que podían regalarse a los niños durante sus primeros años de vida.
Algunas piezas representaban figuras reconocibles, como los dioses Bes y Mercurio, mientras que otras tenían forma de manos, pies, piñas o racimos de uvas.
Su diversidad permite observar cómo las creencias protectoras podían materializarse en objetos pequeños, transportables y utilizados en la vida cotidiana.
En el mundo romano, los amuletos desempeñaban un papel importante en la protección simbólica de las personas, especialmente durante etapas consideradas vulnerables, como la infancia.
Los crepundia podían incluir pequeños colgantes y elementos capaces de producir sonidos al moverse. De hecho, su denominación se relaciona con objetos que tintineaban o sonaban al agitarse.
Además de su posible función protectora, podían servir como juguetes o sonajeros.
En algunos casos, estos conjuntos se conservaban después de la infancia, de modo que podían adquirir un valor personal relacionado con los primeros años de vida.
No sabemos si el collar encontrado en Pompeya pertenecía a un niño que vivía en aquella casa cuando se produjo la erupción o si había sido conservado por un adulto como recuerdo.
Ambas posibilidades resultan compatibles con el tipo de objeto, pero ninguna puede demostrarse únicamente a partir del hallazgo.
Bes y Mercurio, dos divinidades entre los objetos domésticos
La presencia de representaciones de Bes y Mercurio en el conjunto de amuletos ofrece una perspectiva interesante sobre las creencias que circulaban por el mundo romano.
Bes era una divinidad de origen egipcio asociada, entre otras funciones, con la protección del hogar, las mujeres y los niños. Su imagen alcanzó una amplia difusión en el Mediterráneo y aparece en diferentes tipos de objetos de carácter protector.
Mercurio, por su parte, era una divinidad romana vinculada con el comercio, los intercambios y los desplazamientos, aunque su presencia en un amuleto no permite reducir su significado exclusivamente a esas funciones.
La combinación de imágenes procedentes de tradiciones religiosas diferentes no resulta extraña en el contexto del Imperio romano.
Las ciudades mediterráneas participaban en redes comerciales y culturales que facilitaban la circulación de objetos, imágenes y prácticas religiosas. Las divinidades podían ser adoptadas, reinterpretadas o asociadas con creencias locales sin que ello implicara necesariamente el abandono de otras tradiciones.
En Pompeya, donde convivían numerosos cultos y formas de religiosidad doméstica, estos pequeños objetos permiten observar una dimensión de las creencias que no siempre queda reflejada en los grandes templos.
No obstante, conviene distinguir entre la identificación de una figura divina y la reconstrucción de las creencias concretas de quien poseía el objeto.
La imagen de Bes en un amuleto indica que su iconografía estaba presente en aquel entorno doméstico, pero no permite conocer con precisión qué prácticas religiosas desarrollaban sus propietarios.
Perfumes, pinzas y objetos de cuidado personal
El armario también contenía utensilios relacionados con el cuidado del cuerpo y las actividades domésticas.
Entre los materiales recuperados aparecen unas pinzas y un pequeño recipiente de vidrio que pudo utilizarse para conservar perfume, ungüentos u otras sustancias.
Estos objetos permiten aproximarnos a prácticas habituales en el mundo romano, donde el aseo personal y el uso de productos aromáticos formaban parte de diferentes contextos sociales.
Los recipientes de vidrio se empleaban para almacenar sustancias de pequeño volumen, entre ellas aceites perfumados y preparados destinados al cuidado corporal.
Su presencia en una vivienda no significa necesariamente que pertenecieran a una mujer. Tanto hombres como mujeres podían utilizar productos cosméticos, ungüentos y utensilios de aseo, aunque las prácticas concretas variaban según la posición social, la edad y las costumbres personales.
También se encontró un incensario, un objeto que podía emplearse para quemar sustancias aromáticas.
Su función pudo estar relacionada con prácticas religiosas domésticas, aunque el uso de aromas también formaba parte de otros ámbitos de la vida cotidiana.
Sin información adicional sobre los residuos conservados o la posición exacta del recipiente, no resulta posible establecer para qué se utilizaba en aquella casa.
La asociación de estos materiales dentro de un mismo espacio muestra, en cualquier caso, que el armario servía para guardar objetos de naturaleza diversa.
Treinta y ocho monedas de bronce guardadas en un pequeño recipiente
Uno de los hallazgos más concretos es un conjunto de 38 monedas de bronce conservadas dentro de un pequeño recipiente tejido.
La presencia de dinero en un espacio doméstico resulta especialmente útil para investigar las actividades económicas de sus habitantes.
En el mundo romano, las monedas de bronce desempeñaban un papel importante en numerosas transacciones cotidianas. Su utilización permitía realizar pagos de menor cuantía, adquirir productos y participar en los intercambios habituales de la ciudad.
Sin embargo, conocer el número de monedas no basta para determinar su valor económico exacto.
Para ello sería necesario identificar las denominaciones, las fechas de acuñación y el estado de las piezas, además de considerar el contexto monetario de Pompeya durante el siglo I d. C.
Las monedas pudieron constituir una pequeña reserva doméstica, dinero destinado a compras o cantidades relacionadas con alguna actividad económica.
El hecho de que permanecieran guardadas cuando la vivienda quedó sepultada plantea también preguntas sobre las circunstancias de su abandono.
Es posible que sus propietarios no tuvieran tiempo de recuperarlas durante la erupción, aunque no podemos descartar otras explicaciones.
La conservación del conjunto proporciona una imagen de cómo se almacenaba dinero en una vivienda romana, pero no permite reconstruir por sí sola los últimos movimientos de sus habitantes.
Las pesas de plomo y las posibles actividades comerciales
Junto a los objetos personales, los arqueólogos encontraron varias pesas de plomo guardadas en una caja de madera.
Este descubrimiento ha llevado a plantear que alguno de los habitantes de la casa pudo participar en actividades comerciales.
Las pesas eran instrumentos esenciales para numerosos intercambios económicos, especialmente cuando las mercancías debían medirse por su masa.
En una ciudad como Pompeya, donde existían talleres, tiendas, mercados y actividades productivas de diferente naturaleza, estos instrumentos podían utilizarse en diversos contextos.
Sin embargo, la presencia de pesas no permite identificar automáticamente la profesión de sus propietarios.
Podían estar relacionadas con la venta de productos, la administración de mercancías o determinadas actividades desarrolladas dentro de la vivienda.
La posibilidad de que la casa estuviera vinculada con alguna forma de comercio resulta razonable, pero deberá estudiarse junto con otros materiales arqueológicos y con la distribución de los espacios.
Este tipo de hallazgos recuerda que las viviendas romanas no siempre estaban separadas de las actividades económicas.
En determinados inmuebles, la residencia familiar, el almacenamiento de productos y el trabajo podían compartir un mismo edificio.
Ollas, recipientes y las necesidades de una casa romana
El conjunto recuperado incluye también vasijas de bronce, vidrio y cerámica, además de recipientes utilizados para cocinar.
Estos materiales representan una parte fundamental de la cultura material doméstica romana.
Las ollas y otros utensilios culinarios permiten investigar cómo se preparaban y almacenaban los alimentos, mientras que la diversidad de recipientes puede ofrecer información sobre los recursos disponibles y las costumbres de sus usuarios.
La cerámica era especialmente importante por su versatilidad y por la variedad de formas que podían producirse.
Los recipientes de vidrio y metal, por su parte, respondían a necesidades diferentes y podían presentar costes y características de utilización distintos.
No obstante, la presencia de determinados materiales no basta para reconstruir el nivel económico de una familia sin estudiar el conjunto completo de la vivienda.
Los objetos domésticos podían permanecer en uso durante periodos prolongados, cambiar de propietario o conservarse incluso cuando habían perdido parte de su función original.
En Pompeya, la posibilidad de estudiar estos materiales en espacios relativamente bien conservados permite abordar cuestiones que resultan mucho más difíciles en yacimientos donde las construcciones fueron abandonadas, reutilizadas o transformadas durante siglos.
Dos ratones atrapados en un ánfora
Entre los descubrimientos más singulares de la excavación se encuentran los restos fragmentados de dos ratones jóvenes.
Sus esqueletos aparecieron dentro de un ánfora situada en una zona elevada de almacenamiento.
Aunque pueda parecer un detalle menor frente a los objetos personales y las monedas, el hallazgo ofrece información sobre las condiciones materiales de la vida doméstica.
Los pequeños roedores formaban parte de los entornos urbanos antiguos y podían acceder a espacios donde se almacenaban alimentos y otros productos.
La presencia de ratones en una vivienda no permite determinar por sí sola el estado de limpieza del inmueble ni reconstruir las circunstancias exactas en las que los animales llegaron al recipiente.
Tampoco sabemos si murieron antes de la erupción o si su presencia está relacionada con los acontecimientos que provocaron el abandono de la casa.
Para resolver estas cuestiones sería necesario estudiar su posición estratigráfica y las condiciones de conservación de los restos.
En cualquier caso, los esqueletos muestran que el registro arqueológico doméstico no está formado únicamente por objetos fabricados y utilizados por personas.
También conserva huellas de animales que compartían, de manera voluntaria o involuntaria, los espacios habitados.
La erupción que conservó una parte de la vida cotidiana
La destrucción de Pompeya durante la erupción del Vesubio en el año 79 d. C. constituye uno de los acontecimientos mejor conocidos de la historia de la arqueología romana.
Los materiales volcánicos cubrieron edificios, calles y objetos, creando condiciones de conservación excepcionales en determinados sectores de la ciudad.
Sin embargo, la imagen de Pompeya como una ciudad completamente detenida en un único instante necesita matices.
La erupción se desarrolló a través de diferentes fases y los habitantes reaccionaron de maneras diversas. Algunos abandonaron sus viviendas, otros permanecieron en ellas y determinados objetos pudieron ser trasladados, recuperados o reorganizados durante la emergencia.
Por eso, encontrar pertenencias dentro de una casa no demuestra necesariamente que sus propietarios murieran allí.
En el caso del armario de la Via dell'Abbondanza, la permanencia de monedas y objetos personales sugiere que algunos bienes no fueron recuperados antes de que el edificio quedara sepultado.
Pero no conocemos el destino de las personas que los utilizaron.
La arqueología puede documentar lo que permaneció en el lugar, aunque no siempre permite reconstruir lo que ocurrió con quienes lo abandonaron.
Los objetos comunes también cuentan la historia de Pompeya
El director del Parque Arqueológico de Pompeya, Gabriel Zuchtriegel, ha destacado que el interés del descubrimiento reside en la posibilidad de estudiar conjuntamente objetos relacionados con diferentes aspectos de la vida cotidiana.
La observación resulta especialmente pertinente en una ciudad conocida por sus pinturas murales, edificios monumentales y extraordinarios conjuntos artísticos.
Durante mucho tiempo, una parte importante de la atención pública se ha concentrado en esos testimonios excepcionales. Sin embargo, los pequeños objetos domésticos permiten investigar dimensiones de la sociedad romana que no siempre aparecen en las grandes obras de arte.
Un recipiente para perfumes informa sobre prácticas de cuidado personal. Un conjunto de pesas plantea preguntas sobre las actividades económicas. Las monedas muestran cómo podía guardarse dinero en una vivienda. Los amuletos infantiles ofrecen pistas sobre las creencias protectoras y las relaciones familiares.
El valor de estos materiales aumenta cuando se conservan asociados dentro de un mismo contexto arqueológico.
No podemos reconstruir una biografía completa de los habitantes de la casa, pero sí identificar algunas de las actividades y preocupaciones que formaban parte de su entorno.
El armario no proporciona una historia individual cerrada. Conserva fragmentos de varias historias posibles que deben interpretarse con prudencia.
Una casa romana y las pertenencias que nadie recuperó
El descubrimiento de la Via dell'Abbondanza permite aproximarnos a la vida doméstica de Pompeya desde una perspectiva diferente a la que ofrecen sus monumentos más conocidos.
Los arqueólogos han recuperado objetos relacionados con el aseo, la preparación de alimentos, el almacenamiento de dinero, posibles actividades comerciales y prácticas de protección infantil.
Algunos pudieron tener un valor económico. Otros quizá fueron importantes por su utilidad o por los recuerdos personales asociados a ellos.
No sabemos quién guardó las 38 monedas, quién utilizaba las pinzas o si los amuletos pertenecieron a un niño que todavía vivía en la casa.
Tampoco puede asegurarse que todos los objetos fueran utilizados por una misma persona o que sus propietarios permanecieran en Pompeya hasta los últimos momentos de la erupción.
Pero su conservación conjunta permite estudiar aspectos concretos de una vivienda romana que, de otro modo, habrían desaparecido casi por completo.
El armario de madera se deterioró con el paso de los siglos, mientras que muchos de los objetos que contenía permanecieron protegidos bajo los depósitos volcánicos.
Ahora, su recuperación añade información sobre las actividades domésticas y económicas de una ciudad cuya destrucción convirtió numerosos espacios cotidianos en documentos arqueológicos excepcionales.
La importancia del hallazgo no reside en identificar a un personaje famoso ni en descubrir un objeto extraordinariamente valioso. Está en poder estudiar cómo se organizaban algunas pertenencias de una casa romana y qué nos dicen sobre las personas que la habitaron antes de que el Vesubio transformara definitivamente su historia.




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